miércoles, 15 de junio de 2016

¿Por qué SENZA PAROLE?

Pues mira, por muchas razones. Primero, porque suena bien: senza parole (léase senzsa parole). Tenía que ser en italiano, ya que este blog se escribe en un viaje a Roma. Parole ("palabra-s") tiene sabor a terruño. Hace referencia al puro significado de las palabras, a su esencia. Al honor que expelen. A esa Italia de cine en blanco y negro, de cantantes melódicas como Mina. Huele a esa mezcla de gasolina con aceite que destilan las Vespas.
Viajar produce un extraño efecto en el ser humano. El traslado es una mutación, una huída del círculo de confort. Y son esos instantes -pequeñitos, como luciérnagas, como piezas de Lego- en los que nos vemos desde fuera, los que vamos a trasladar aquí. Breves lapsos de tiempo inesperados, repentinos, en que somos el verdadero centro del universo. En los que todo permanece en silencio, senza parole. Y de repente, así como el suspiro de un niño frente al escaparate de una juguetería, desaparecen... se desvanecen...
Soy consciente de que me vais a llamar pedante, pero hay un término en inglés que aporta una preciosa sonoridad a esta imagen de fugacidad: whisper (=susurro, murmullo) Si de verdad queréis ver dónde se ha pronunciado este término con mayor carga de emoción en la historia reciente del cine, acudid a la película Gladiator, en el momento en el que Marco Aurelio (el genial Richard Harris) habla con nostalgia a su hijo Cómodo sobre lo que una vez fue Roma: "There was once a dream that was Rome. You could only whisper it. Anything more than a whisper and it would vanish..."