Me miran. O eso creo. No; es seguro: me miran. Tienen las gaviotas un aire hipnótico, un no sé qué entre paleto y contrabandista. No me puedo fiar de ninguna de ellas. Soy de esa generación que se crió entre Hitchcock y Chicho Ibáñez Serrador. Son malas. Por naturaleza. Pero llevo años esperándolas. Como hacía de pequeño, oculto a oscuras en el pasillo, mirando las series de mayores sin que mis padres se dieran cuenta. A estas alturas de mi vida seguro que las tengo a todas controladas, con el montón de fotos que las he hecho.