Me gusta ver la carretera delante de mi. Me relaja. El olor a heno mojado, el viento silbando en el retrovisor, el reflejo del sol en el asfalto... Me trae recuerdos. Como esos viajes a Lugo, a las seis de la mañana, mirando la carretera y esperando llegar a desayunar a Astorga: colacao y hojaldre de miel.