viernes, 17 de junio de 2016

Escena II - toma 2


Uno de esos "gestos" que parece identificar ese carácter hedonista y eternamente veraniego de la Italia feliz, la de los viajes en Vespa y vacaciones en Roma: el sombrero Trilby.

Escena II - toma1

Popa del ferry. 6:20 de la mañana. La palabra que define este momento es serenidad. Estoy absolutamente solo en las cubiertas del barco. Surca las aguas para mí.

jueves, 16 de junio de 2016

Escena I - Toma 4

Me miran. O eso creo. No; es seguro: me miran. Tienen las gaviotas un aire hipnótico, un no sé qué entre paleto y contrabandista. No me puedo fiar de ninguna de ellas. Soy de esa generación que se crió entre Hitchcock y Chicho Ibáñez Serrador. Son malas. Por naturaleza. Pero llevo años esperándolas. Como hacía de pequeño, oculto a oscuras en el pasillo, mirando las series de mayores sin que mis padres se dieran cuenta. A estas alturas de mi vida seguro que las tengo a todas controladas, con el montón de fotos que las he hecho.

Escena I- Toma 3

Son los grandes olvidados de todos los reportajes de viajes. En este viaje a Roma he visto más veces este urinario de la AP-2 que el Coliseo. Y no me parece justo. Nadie posa frente a él. Ni le dedica un selfie al sol. Siempre prisionero en la sombra de una road-movie aragonesa ¿cuánta gente no habrá conocido? ¿quién fue antes, la taza o el mosquito?

Escena I-Toma 2

Lluvia y gominolas. La carretera  se abre ante nosotros. Nuestros pulmones se llenan con el aroma de la libertad.

P.D.: Jim Carrey quemándose una ventosidad ha dinamitado toda la poesía del momento.

Me gusta ver la carretera delante de mi. Me relaja. El olor a heno mojado, el viento silbando en el retrovisor, el reflejo del sol en el asfalto... Me trae recuerdos. Como esos viajes a Lugo, a las seis de la mañana, mirando la carretera y esperando llegar a desayunar a Astorga: colacao y hojaldre de miel.

miércoles, 15 de junio de 2016

EL COMIENZO: ESCENA I. Toma 1

Y arrancamos ¡Andiamo! Escena 1, toma primera: escena de interior, noche. JuanRa escribiendo las dos primeras entradas del blog en el iMac a unas horas que me niego a comentar. Pero había que arrancar. Lo necesitaba. Alea jacta est.

¿Por qué SENZA PAROLE?

Pues mira, por muchas razones. Primero, porque suena bien: senza parole (léase senzsa parole). Tenía que ser en italiano, ya que este blog se escribe en un viaje a Roma. Parole ("palabra-s") tiene sabor a terruño. Hace referencia al puro significado de las palabras, a su esencia. Al honor que expelen. A esa Italia de cine en blanco y negro, de cantantes melódicas como Mina. Huele a esa mezcla de gasolina con aceite que destilan las Vespas.
Viajar produce un extraño efecto en el ser humano. El traslado es una mutación, una huída del círculo de confort. Y son esos instantes -pequeñitos, como luciérnagas, como piezas de Lego- en los que nos vemos desde fuera, los que vamos a trasladar aquí. Breves lapsos de tiempo inesperados, repentinos, en que somos el verdadero centro del universo. En los que todo permanece en silencio, senza parole. Y de repente, así como el suspiro de un niño frente al escaparate de una juguetería, desaparecen... se desvanecen...
Soy consciente de que me vais a llamar pedante, pero hay un término en inglés que aporta una preciosa sonoridad a esta imagen de fugacidad: whisper (=susurro, murmullo) Si de verdad queréis ver dónde se ha pronunciado este término con mayor carga de emoción en la historia reciente del cine, acudid a la película Gladiator, en el momento en el que Marco Aurelio (el genial Richard Harris) habla con nostalgia a su hijo Cómodo sobre lo que una vez fue Roma: "There was once a dream that was Rome. You could only whisper it. Anything more than a whisper and it would vanish..."